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Hago chas y aparezco en tu correo
Retomando el tema de nuevas maneras de comercializar música, hoy hablaré del nuevo “anti-single” de Christina Rosenvinge. Resulta que vía Público me entero de que esta mujer, que hace poco sacó nuevo disco, ha enviado la última canción que se le escapó de la composición final del mismo por e-mail a sus amigos para que ellos hagan lo propio y así sucesivamente. Más interactiva no se puede ser! Bien Rosenvinge!
¿Comprar un CD? No, gracias
Desde hace tiempo, una pegatina de un dólar con la cara de Ramoncín (el año pasado abandonó la junta directiva de la SGAE tras 20 años) decora la terraza de mi universidad. Esto, además de parecerme gracioso, me hace pensar algunas cosas…
Recuerdo aquellos tiempos en los que esperabas paciente en la entrada del FNAC para comprar el nuevo disco que tu grupo preferido sacaba al mercado ese día. Luego, cuando llegabas a casa, te ponías el CD y saboreabas los 15€ que te acababas de gastar pensando que había sido la mejor inversión que podías haber hecho nunca. Ahora, comprarte un CD de música es poco más que tirar el dinero. O al menos, esa es la percepción que tenemos.
Después de tanto tiempo engordando las arcas de las discográficas, la gente, como es normal, se ha cansado de que les tomen el pelo, y llegan a una conclusión de lo más razonable: ¿Por qué comprar cuando lo tengo gratis?
Va siendo hora de que, tanto discográficas como artistas, se estrujen un poco el coco para cambiar su modelo de negocio y nos sorprendan con algo nuevo. Y no es tan difícil, de hecho ya ha habido más de una acción diferente y acertada (Prince+La Oreja de Van Gogh+Madonna+Radiohead).
Cierto es, que saltarse a los intermediarios no se lo puede permitir todo el mundo, ¿o no? La verdad es que conocer, promover y comercializar música, sin la necesidad de recurrir a las grandes disqueras, es lo que sucede cada vez más, y es la salida que los artistas jóvenes prefieren actualmente: darse a conocer de manera directa y gratuita por la web (en sites como myspace o YouTube.
No se trata de no pagar, pues la gente no está peleada con esa idea, sinó de un cambio de actitud por parte de los fans, que buscan algo más que escuchar canciones de sus artistas; y de un cambio de relación entre artistas y disqueras, pasar de ser esclavo a ser independiente. Y es esto lo que precisamente temen las discográficas: una rebelión.